domingo, 19 de agosto de 2012

Tierra de Campos, tierra de bikers



Al fondo, el palomar típico de Tierra de Campos
Como ya adelanté en una entrada anterior, estoy pasando unos días en un pueblo de la Castilla profunda; en Tierra de Campos, para más datos; en la provincia de León, para más señas; en un pueblo del Camino de Santiago de Madrid cercano a Sahagún de Campos, por dar más pistas; en Arenillas de Valderaduey, para ser exactos.

 
Arenillas de Valderaduey es -en contra de lo que uno pudiera parecer a primera vista- un lugar privilegiado para la práctica del MTB y cuna de bikers aficionados de muy alto nivel. Desde tiempo inmemorial, se celebra en este precioso pueblecito una prueba ciclista poco conocida, pero muy popular entre los ciclistas locales: la “Villacreces Extreme Race”. Se trata de una competición no oficial que se disputan los jóvenes del pueblo y visitantes, durante las fiestas de la Asunción de la Virgen, y cuyo recorrido discurre entre Arenillas y Villacreces, un pueblo abandonado de la provincia de Valladolid del que solo queda en pie la impresionante torre de la que fue su iglesia parroquial.

La Tierra de Campos ofrece un veraneo alternativo al de playa y chiringuito que, personalmente, prefiero. La paz de la meseta castellana, la hospitalidad de austera y cordial de sus gentes, el buen llantar regado con vinos recios, una historia milenaria, el abundantísimo arte que esta lleva aparejado… y un sorprendente entorno natural que he ido descubriendo a golpe de pedal.


Ciertamente, la Tierra de Campos no es lugar para forjar escaladores, a no ser que nos desplacemos hasta la montaña palentina; pero en la zona de Arenillas se pueden hacer larguísimas rutas sin grandes desniveles, a medias de veintimuchos y cambiando de provincia (León, Valladolid, Palencia) como quien se cambia de maillot. Nunca en mi vida había visto desde mi bicicleta tantas aves rapaces, de todo tipo y tamaño (cernícalos, aguiluchos…), aparte de las enormes avutardas, perdices, codornices, conejos, liebres… y hasta un corzo despistado que no oyó la bici que se le echaba encima hasta que me tuvo a pocos metros. Tierra de caza y también tierra de pesca, con dos ríos, el Cea y el Valderaduey, de riberas increíbles donde la sombra alivia al biker bajando varios grados el rigor del sol que azota los inmensos terrenos de cultivo. Y, en cualquier caso, un calor mucho más llevadero que el madrileño: jersey al anochecer y también “de par de mañana”.

En pocos días volveré a la brega madrileña con muchos kilómetros de Tierra de Campos en las piernas y con la imagen de esta bellísima tierra en las pupilas. Y con el gusanillo ya metido de hacer en bicicleta el Camino de Santiago de Madrid. A ver si convenzo a “la jefa”…


Grajal de Campos: último pueblo del Camino de Santiago de Madrid
antes de entroncar con el Camino francés en Sahagún de Campos






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